Quisiera ser ave
y surcar tu grandeza de principio a fin;
porque no basta solo un instante para contemplarte,
ver como delicadamente entre blancos y grises te invaden
y dan formas mágicas que adornan tu inmensidad.
Ni el verde de los llanos, ni el color de las flores de mayo
distraen mi atención de ti.
Caminan muchos y no se detienen a contemplarte,
presos del ir y venir, del hacer más que del ser.
Estremeces cuando enfureces, y en instantes,
la señal más hermosa aparece como muestra de calma.
Cada mañana, eres como óleo creado por los rayos del astro rey,
por las tardes, las caricias y colores imponentes del ocaso te envuelven
dando paso a la silenciosa noche.
